Cuestiones como el proteccionismo económico y la xenofobia fenómenos ambos íntimamente relacionados y que muchos desearíamos lanzar al baúl de los malos recuerdos de la especie humana, han retornado con fuerza a la luz de la opinión pública a raíz de la presente crisis económica.
El endurecimiento de las sanciones por el parlamento europeo para aquellos que contraten trabajadores ilegales, la nueva ley aprobada por el parlamento italiano que permite que los médicos denuncien a los ilegales que se atiendan con ellos y que la ONG médicos sin fronteras ha catalogado como atentatoria para los derechos humanos, la huelga iniciada por los trabajadores de una refinería en Lindsey (Inglaterra), protestando en contra de la contratación de trabajadores de nacionalidad italiana y portuguesa, y hasta la clausula ¿eliminada? “Buy America” del plan de reactivación del presidente Obama en Norteamérica, llevan en si el mismo componente de proteccionismo económico; explicito en el último de los casos, de manera descaradamente demagógica en los primeros.
Mientras los políticos azuzan los miedos de su población al desempleo y lo enfocan en el viejo chivo expiatorio de siempre: El Extranjero, los migrantes legales o ilegales que se ven paulatinamente cercados; las multitudes olvidan la verdad de la incapacidad de sus dirigentes para plantear respuestas ante una situación inedita como la actual.
La situación en si misma es una faceta más del proteccionismo económico, acosados por esta los gobiernos tenderán a proteger sus mercados regionales y nacionales. La tendencia implícita en esto es la de la mutua desconfianza, con ello los mercados se irán restringiendo y los proyectos de integración como la Unión Europea podrían sufrir las consecuencias de poblaciones llevadas por el miedo a perder sus empleos frente a la competencia “desleal” de los “otros” exacerbada por políticos sin escrúpulos. En la ausencia de las libertades económicas, no existe la función neutralizadora que ejerce el libre mercado en las relaciones humanas sin ello el resultado inevitable es el estancamiento a plazo del crecimiento económico y mayores niveles de descontento ¿Alguien recordara la Republica de Weimar? ¿Como surgio Hitler?
Históricamente las etapas que han precedido a las grandes guerras, han sido etapas de estancamiento de las relaciones económicas y desconfianza ante las potencialidades del libre comercio. Las señales aun son débiles y pueden evitarse, hay que proteger la libertad de comercio y condenar la xenofobia en todas sus formas o arriesgarnos a los peores retornos del pasado.



