Escrito por Tendenzias

El caso Madoff: Las motivaciones no económicas de un fraude

 

Desde unos modestos inicios en el mundo de las finanzas con un capital de 5.000 dólares obtenidos gracias a sus labores como guardacostas, la carrera de Bernard Madoff, alcanzo picos siendo integrante del  NASD (National Association of Securities Dealer),  organización auto reguladora de los mercados financieros y presidente del índice tecnológico de la Bolsa de Nueva York, el Nasdaq. Con estos antecedentes, nada haría presagiar su final como autor intelectual de una de las estafas más grandes de la historia financiera contemporánea.

Fue precisamente su brillante carrera de financista internacional lo que decidió a acaudalados magnates y conocidas entidades filantrópicas a invertir en su firma Madoff Securities, un bróker dealer avalado y supervisado por impecables instituciones como la SEC y la Financial Industry Regulatory Authority (FINRA) de los Estados Unidos.

América, Asia, Europa donde quiera que haya un inversionista, Madoff, estaba ahí y quien iba a dudar de un prestigio avalado por los años. Que uno de los propulsores del trading electrónico no dejaba abierta la posibilidad de consulta electrónica a sus clientes sobre el estado de sus inversiones, no decía nada; que el secretismo de sus operaciones, no decía nada.

Es dudoso que Mr. Madoff, haya recurrido desde un principio al esquema piramidal o sistema ponzi, es más creíble que haya utilizado este sistema para cubrir sus pérdidas iníciales, acicateado por su ego; la nostalgia de haber sido, y el dolor de ya no ser uno de los grandes genios de las finanzas internacionales deben haber llevado a Madoff a disfrazar su situación y luego el éxito de estos primeros fraudes le llevaron a ser un voraz consumidor del dinero de sus clientes guiado por la obsesión de ver intacta su imagen de “rey midas” de las finanzas.

Pero si a la cabeza del “fraude del siglo” le achacamos el pecado de un ego desmesurado, sus clientes tienen en su haber una codicia gigantesca, la ambición por ganancias desmedidas les ha llevado alegremente al matadero financiero de Madoff, no son nada inocentes; como tampoco son inocentes los órganos reguladores que pese a que ya estaban advertidos de la posibilidad del fraude, desisitieron de la investigación ante el nombre de Madoff. Vanidad, codicia y desidia se hallan en las raices del caso.

Si la cifra de las perdidas alcanza los 50.000 millones de dólares según los estimados más conservadoras, la pérdida de confianza en las entidades reguladoras de las naciones más desarrolladas por parte del público es lo más grave. Sin afectar en lo inmediato al hombre de la calle, el escándalo Madoff socava un principio esencial del capitalismo: la confianza, y peor aún en el instante mismo de la mayor crisis desde la gran depresión de los años 30. Si Madoff quería pasar a la historia lo ha logrado, la historia lo consagrara como el símbolo de un capitalismo sin principios.

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Imagen: YehjaleaH / Flickr

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